EVACUACIÓN EN GRUPOS Y LA TEORÍA DE LA AFILIACIÓN
Jonathan Sime y la crítica al mito del pánico
Durante décadas, la narrativa dominante en torno a la evacuación en incendios ha estado basada en la idea del pánico individual: personas que corren sin pensar, empujan, gritan, se dispersan sin lógica. Esta idea moldeó normas, diseños y modelos de evacuación. Sin embargo, desde los años 80, el psicólogo ambiental Jonathan Sime comenzó a cuestionar ese supuesto con evidencia científica sólida.
Sime observó que, en la mayoría de evacuaciones reales, las personas no actúan como individuos aislados, sino que priorizan los lazos sociales. Su investigación concluyó que las personas tienden a buscar a quienes conocen, esperar a familiares, reunirse con compañeros o evacuar en grupo, incluso si esto implica desviarse de las rutas más cercanas o seguras. A esto se le conoce como la teoría de la afiliación.
La afiliación es una necesidad emocional profundamente humana: permanecer junto a personas significativas en momentos de amenaza. Para Sime, este comportamiento no era irracional ni caótico, sino comprensible desde la psicología social. En palabras simples: en medio del peligro, buscamos no solo sobrevivir, sino no estar solos.
Este hallazgo tiene implicancias directas para la ingeniería contra incendios. Si se diseñan rutas de evacuación basadas únicamente en distancia mínima y flujo ideal, se está ignorando cómo realmente se comportan las personas. Los modelos que asumen evacuaciones individuales y racionales pueden sobreestimar la velocidad de salida y subestimar la congestión en rutas preferidas.
Los simulacros deben incluir dinámicas grupales. De lo contrario, se obtienen datos que no representan lo que ocurrirá en un incendio real. Una evacuación no es un conjunto de individuos corriendo hacia la salida más próxima. Es un tejido emocional en movimiento.
Casos como el incendio de King's Cross en Londres (1987) mostraron cómo muchas víctimas murieron no por no ver las salidas, sino por volver a buscar a alguien o esperar a otros. Lejos de ser irracionales, esas decisiones reflejan la fuerza del vínculo humano frente al riesgo.
La teoría de la afiliación nos recuerda que el diseño de la seguridad no debe ser solo técnico, sino también humano. Hay que pensar en cómo evacúa una persona... pero además cómo lo haría con quienes ama.
