¿ES TIEMPO DE REPENSAR EL MODELO DE PROTECCIÓN CONTRA INCENDIOS EN LATINOAMÉRICA?
En la mayor parte de Latinoamérica y en países como el Perú, donde la informalidad domina amplios sectores del desarrollo urbano, las exigencias regulatorias muestran una contradicción profunda: => A los formales se les exige cada vez más => A los informales... prácticamente nada
El resultado: se instalan sistemas costosos, sobredimensionados y mal mantenidos, que no ofrecen una protección efectiva, mientras gran parte del entorno construye sin cumplir ninguna norma.
¿No será momento de admitir que el enfoque actual está fallando?
En este artículo propongo siete pilares eficientes y realistas, diseñados desde la ingeniería, la arquitectura y la experiencia operativa.
¿Qué debemos eliminar, mantener o transformar para construir un modelo justo, sostenible y verdaderamente seguro?
Te invito a leerlo y sumarte al debate.
Rompiendo mitos: un modelo eficiente y realista para la protección contra incendios en las ciudades de Latinoamérica
La protección contra incendios en las ciudades de Latinoamérica debe cambiar y enfocarse en un modelo basado en eficiencia y confiabilidad. El modelo actual, basado en la implementación de normativas que siguen exclusivamente las directrices de la NFPA, ha generado sistemas de protección contra incendios altamente costosos y, en muchos casos, ineficaces para la realidad de las edificaciones urbanas. La exigencia de infraestructuras sobredimensionadas, combinada con la instalación de equipos cuyo mantenimiento rara vez se garantiza, ha llevado a que muchas edificaciones cuenten con sistemas costosos que no necesariamente ofrecen una protección efectiva. La seguridad en edificaciones urbanas no puede seguir dependiendo de sistemas que generan una falsa sensación de seguridad en lugar de soluciones realmente funcionales. La normativa actual debe evolucionar hacia estrategias que eliminen elementos ineficaces y optimicen el diseño de las edificaciones para garantizar una protección más eficiente y confiable. Propongo un modelo basado en estos siete pilares fundamentales:
1. Rociadores al 100 % en todas las edificaciones conectados a la red sanitaria del edificio, sin la necesidad de bombas exclusivas para su funcionamiento. Estas bombas serían mucho más pequeñas, ya que los rociadores requieren caudales y presiones significativamente menores en comparación con otros sistemas. Además, un sistema de solo rociadores permitiría el uso de tuberías de diámetro reducido (1 1⁄2” o menores) en todas las edificaciones urbanas. Las bombas sanitarias son extremadamente confiables porque están bajo constante supervisión de los usuarios, lo que garantiza su operatividad, y el diámetro reducido de las redes de rociadores minimiza los puntos de falla y maximiza la confiabilidad.
2. Eliminación total de las mangueras para los ocupantes. No deberían instalarse en ninguna edificación, ya que han demostrado ser ineficaces. Los civiles no están entrenados para usarlas y su implementación solo genera falsas expectativas de seguridad.
3. Red de montante seca exclusiva para bomberos. Diseñada para ser utilizada solo en caso de que los rociadores fallen, aunque esta posibilidad es extremadamente baja si los sistemas de rociadores se diseñan con componentes simples.
4. Arquitectura bien compartimentada. La sectorización adecuada del edificio debe permitir que los bomberos accedan con seguridad al foco del incendio y que los ocupantes tengan rutas de evacuación protegidas. Espacios bien diseñados evitan la propagación del fuego y garantizan que los evacuantes puedan salir sin exponerse a gases tóxicos o altas temperaturas.
5. Puertas de ingreso a los predios con cierra puertas automáticos. No es necesario que sean corta fuego certificadas, pero sí que cuenten con un diseño basado en el desempeño, con componentes trazabilizados que aseguren su correcto funcionamiento en caso de incendio. Estas puertas son esenciales para delimitar zonas de fuego dentro de los predios individuales, reduciendo la propagación del fuego y mejorando la seguridad tanto de los ocupantes como de los bomberos.
6. Sistemas de detección termprana en el 100 % de la edificación. La detección rápida permite una respuesta más eficiente antes de que el fuego se descontrole, mejorando significativamente la seguridad de los ocupantes y aumentando el tiempo disponible para la evacuación.
7. Tomas de agua en todas las edificaciones para controlar el incendio de cualquier edificación vecina. Si las edificaciones se implementaran con tomas de agua, los bomberos podrían abastecerse desde todas ellas para controlar el incendio del sector. Esto garantizaría una fuente de agua permanente para la intervención de bomberos.
En conclusión, el enfoque tradicional ha priorizado la implementación de equipos costosos que muchas veces no garantizan la seguridad esperada. La clave no está en la instalación de equipamiento en exceso, sino en diseñar un sistema integral que garantice tanto la seguridad de los ocupantes durante la evacuación como la eficiencia en la respuesta de los bomberos. La normativa debe evolucionar para dejar de lado soluciones ineficaces y centrarse en estrategias que realmente reduzcan el riesgo y optimicen los recursos disponibles.

