CUANDO VENEZUELA ERA EL PAÍS MÁS AVANZADO EN PROTECCIÓN CONTRA INCENDIOS
Pronto terminarán 25 años de tortura para el pueblo venezolano, una etapa que comenzó con la llegada de Hugo Chávez Frías a la presidencia el 2 de febrero de 1999.
Pero yo no hablaré de política.
Hablaré de ingeniería de incendios, que es lo que me atañe.
Hubo una época en la que Venezuela era sinónimo de vanguardia, ciencia y profesionalismo en esta materia.
Durante la década del 70 al 90, Venezuela fue el país más avanzado de Latinoamérica en protección contra incendios.
Mientras en otros países —como el mío, el Perú— aún no teníamos infraestructura, normativas ni formación especializada en la materia, Venezuela ya contaba con industrias, normas y profesionales de primer nivel.
Todos soñábamos —me incluyo— con algún día trabajar allá, si no lográbamos alcanzar el suelo americano.
La industria petrolera, especialmente PDVSA, desarrolló estándares de seguridad que rivalizaban con los de Estados Unidos y Europa.
En universidades, plantas industriales y cuerpos de bomberos se formaban especialistas que hoy serían considerados ingenieros de protección contra incendios, antes de que ese título existiera formalmente en la región.
Venezuela tenía laboratorios, simuladores y programas de capacitación continua. En Caracas, Maracaibo y Valencia se dictaban cursos sobre dinámica del fuego, hidráulica y diseño de sistemas con una rigurosidad que hoy muchos países apenas están alcanzando.
Hubo una época en que los venezolanos no solo exportaban petróleo, sino conocimiento técnico.
Los ingenieros venezolanos hablaban el lenguaje del fuego, cuando el resto del continente apenas aprendía su gramática.
Y los bomberos de Caracas eran reconocidos por su disciplina, profesionalismo y vocación científica, no solo por su valentía.
Hoy, cuando el fin de una dictadura de 25 años parece cercano, también renace la esperanza de recuperar aquella Venezuela que fue ejemplo técnico, moral y humano. Una nación donde la ingeniería y la seguridad eran motivo de orgullo, no de carencia.
La dictadura del fuego no destruyó ese talento; solo lo mantuvo encendido, esperando el momento de volver a iluminar.
ESTAMOS FELICES DE VER RESURGIR A VENEZUELA DE LAS CENIZAS DEL FUEGO.
