EL MITO DE LAS TRAMPAS DE HUMO EN LOS BAÑOS DE LAS EDIFICACIONES
La norma A.010 del Reglamento Peruano exige instalar "trampas de humo" en los ductos de ventilación de baños, para evitar que el humo de un incendio suba por esos ductos y se infiltre a otros predios. Sin embargo, al revisar esta medida desde la ciencia del fuego, me surgen muchas dudas.
¿CUÁL ES LA INTENCIÓN DE LA NORMA?

Evitar que el humo se propague entre pisos por medio de ductos compartidos. Esa lógica es válida en sistemas que realmente comparten aire, como ductos de aire acondicionado o climatización central.
¿TIENE SENTIDO APLICARLO EN DUCTOS DE BAÑOS?
1. Naturaleza del sistema: Los ductos de baño no recirculan aire. Su función es sacar el aire viciado al exterior. En la mayoría de casos funcionan por extracción natural y mecánica con ventiladores individuales y centralizados.
2. Caudal mínimo: Estos ductos mueven muy poco aire. En un incendio, la presión del humo es mucho mayor que cualquier succión posible de estos ductos. Además, el aire va del baño hacia fuera, por lo que pienso que es muy poco probable que el humo se desplace y entre a otros baños.
3. Propagación vía baño es improbable: Según las estadísticas de los incendios los baños rara vez son el punto de origen de un incendio, ni son un espacio de almacenamiento de materiales combustibles. Está demostrado que la mayoría de incendios en viviendas se originan en cocinas, salas u otras áreas, sin interacción directa con los ductos de baños.
4. No hay evidencia técnica: No existen ninguna norma internacional, ni estudios, que indiquen que los ductos de baño sean una vía real de propagación de humo o fuego. Esta exigencia es un invento peruano sin sustento técnico.
5. Problemas prácticos: Las trampas de humo dificultan la ventilación del baño, generan humedad y afectan la salubridad. Además, los ductos de baño suelen compartir espacio con las tuberías sanitarias, lo que complica aún más su instalación.
6. Problemas constructivos: En todos los casos, los ductos de ventilación de baños también se usan para las montantes sanitarias. Instalar trampas de humo en espacios tan limitados es impráctico e inviable, generando soluciones forzadas que afectan el diseño. Soy testigo que en el desarrollo de mi trabajo como instalador esto se ha convertido en un dolor de cabeza imposible de resolver en muchas edificaciones.
CONCLUSIÓN Esta exigencia parece responder más a una interpretación errónea que a un análisis real de riesgo. No está respaldada por normas internacionales y genera sobrecostos innecesarios.
LA INGENIERÍA CONTRA INCENDIOS DEBE GUIARSE POR EVIDENCIA, NO POR RITUALISMOS SIN FUNDAMENTO.
