¿QUÉ SON LOS “ESPACIOS A PRUEBA DE TONTO”? LA IMPORTANCIA DE LA REDUNDANCIA EN LA PROTECCIÓN CONTRA INCENDIOS
En protección contra incendios, el error humano no es una posibilidad, es una certeza. Y aunque nos cueste admitirlo, las personas olvidan, omiten, ignoran y... simplemente fallan.
¿Ejemplos? Hay demasiados:

* Válvulas cerradas porque alguien creyó que estaban “goteando”.
* Extintores vencidos porque “se ven bonitos colgados”.
* Rutas de evacuación bloqueadas con escritorios, maceteros o cajas de archivo.
* Sistemas de detección desconectados porque “hacen mucho ruido” o “se activan solos”.
* Puertas cortafuego trabadas abiertas con cualquier cosa, para que no se cierren.
* Rociadores pintados o tapados, porque “afeaban el cielo raso”.
* Tableros sin batería de respaldo, porque “nunca se corta la luz”.
* Sistemas sin mantenimiento, porque “el presupuesto no alcanzó”.
Por eso existe un principio no escrito en nuestra especialidad: EL DISEÑO DEBE SER “A PRUEBA DE TONTOS”.
Y no se trata de insultar a nadie. Se trata de asumir que no todos van a hacer lo correcto, todo el tiempo, y que no podemos depender del buen juicio antes de un incendio.
Un sistema contra incendios debe seguir operando incluso si un tonto hizo algo para que no funcione. Diseñar “a prueba de tontos” es en realidad diseñar a prueba de la realidad.
¿Y cómo se hace eso?
Con redundancia en los sistemas, porque cuando algo falla (y siempre, eventualmente, algo fallará) el sistema no debe depender de ello, mucho menos colapsar.
En ingeniería contra incendios, la inteligencia del usuario no es una herramienta de diseño. Por ello, la robustez y la redundancia son las variables que determinan su funcionalidad el día del incendio.
