MÁS EFICIENCIA EN EL AGUA DOMÉSTICA, MÁS DESPILFARRO EN EL AGUA CONTRA INCENDIOS
La reciente modificación de la Norma Sanitaria Peruana marca un paso hacia un uso más racional del agua potable en viviendas. Hoy, en lugar de asignar un volumen fijo por departamento, la dotación de agua se calcula por litros / persona / día, ajustándose según el número de dormitorios proyectados. El resultado es claro: una reducción de casi el 50 % en el agua acumulada en cisternas domésticas en viviendas multifamiliares.
Este cambio —impulsado por el Ministerio de Vivienda del Perú, con participación de la Asociación de Empresas Inmobiliarias— no solo optimiza la ingeniería sanitaria, sino que refuerza el principio de que el agua es un recurso limitado que debemos proteger. Menos volumen, menos presión sobre la infraestructura urbana.

Sin embargo, este avance contrasta con un modelo que seguimos sin cuestionar: el almacenamiento obligatorio de agua para el combate de incendios.
Hoy, cada edificio residencial está obligado a almacenar en promedio 120 m3 de agua potable exclusivamente para incendios. Eso significa miles de tanques diseminados en nuestras ciudades, repletos de agua tratada que probablemente nunca será utilizada. Este modelo, basado en el stock individual y no en un flujo comunitario, consume recursos innecesarios y energía, y ocupa espacio, resultando técnicamente ineficiente y ecológicamente insostenible.
Como expliqué en un artículo previo del Instituto Latinoamericano de Formación en Incendios, este modelo representa un desperdicio sistémico. Almacenamos grandes volúmenes de agua que ni siquiera pueden ser utilizados por los bomberos en un eventual incendio dentro del propio edificio, y mucho menos en incendios que ocurran en edificios vecinos. Es como guardar un antibiótico para una enfermedad improbable, que ni siquiera podrás usar llegado el momento.
Mientras racionalizamos el uso del agua para consumo humano, seguimos sobre acumulando agua potable para incendios, cuando podríamos reemplazar este modelo por una infraestructura compartida y resiliente. Es deseable contar con redes contra incendios a nivel de cada urbanización, con un solo gran tanque, una bomba potente y una red de tuberías confiable que abastezca a múltiples propiedades.
O incluso se puede avanzar al menos hacia un esquema en el que todas las cisternas colindantes a una edificación en emergencia puedan aportar al control del fuego, mediante la implementación de tomas de agua accesibles para bomberos en cada edificio residencial. Si cada inmueble contara con conexiones externas diseñadas para este fin, los bomberos podrían abastecerse desde las edificaciones vecinas, garantizando así una fuente de agua permanente, distribuida e interconectada, capaz de sostener mejor la intervención ante incendios.
Porque si el agua potable es valiosa para vivir, también debería ser valiosa cuando se guarda “por si acaso”.
