INCENDO EN LA COP (NOV. 2025)
La escena habla sola: la COP30, la cumbre anual donde casi 200 países negocian cómo enfrentar el cambio climático, evacuada porque el recinto se incendió. Un pabellón que colapsa por fuego mientras adentro se discutía cómo hacer al planeta más seguro. Más irónico, imposible. No hay metáfora más precisa.
Y la causa probable —como siempre en este tipo de eventos— apunta a lo mismo: estructuras provisionales hechas con materiales plásticos, montadas rápido, con mínima protección contra incendios. Un riesgo conocido, documentado y, sin embargo, repetido.
El mensaje que queda flotando es incómodo: si ni siquiera el espacio donde se negocia la resiliencia global es resiliente, ¿qué podemos esperar del resto del planeta?
Mientras se hablaba de reducir emisiones, la realidad literalmente quemó el techo. Y volvió a quedar expuesta esa brecha que todos conocen pero pocos aceptan: la distancia entre lo que se promete en público y lo que realmente se ejecuta.
En Latinoamérica esto ya lo hemos visto incontables veces: grandes discursos, estructuras frágiles. La COP30 solo amplificó, a nivel global, una falla que ya conocemos de memoria.
