CUANDO TODOS LLORAN, EL MERCADO VENDE PAÑUELOS
En distintas partes del mundo ya se están implementando restricciones sobre la ubicación de cargadores de vehículos eléctricos, especialmente en estructuras cerradas o de difícil acceso. Estas medidas no son aleatorias: responden a un temor creciente ante los incendios vinculados a baterías de ion-litio, sobre todo durante el proceso de carga.
Es una buena señal que empiece a surgir rechazo al producto, no solo desde las comunidades técnicas, sino también desde los propios consumidores. Ese rechazo es positivo: obligará a la industria de las baterías a evolucionar de la mano con la ciencia. Estoy convencido de que será la ciencia —y no las soluciones apuradas— la que resolverá el problema de fondo.
Ahora mismo estamos viendo la otra cara de la moneda: una avalancha de productos cortoplacistas diseñados para contener el vendaval. Todas las alternativas actuales son decisiones reactivas y de corto plazo. Ninguna de ellas será viable en el largo plazo.
Lo que vemos hoy es que, cuando todo el mundo llora, el mercado vende pañuelos. Y lo que debemos lograr mañana, si hacemos bien las cosas, es que ya no haya lágrimas que secar.
El final de esta historia, lo anticipo, será una industria de baterías más fortalecida y con un producto intrínsecamente seguro.
La solución no está en apagar incendios, sino en evitar que ocurran con la brutal rapidez que hoy nos preocupa. Que los incendios en vehículos eléctricos se comporten como los incendios en vehículos fósiles: fuegos con crecimiento estándar del HRR.
Cuando eso se logre, podremos alcanzar la seguridad que hoy tienen los vehículos a combustión, con una ventaja adicional: estadísticamente, los incendios en baterías son mucho más raros que los provocados por combustibles fósiles.
Pasarán años, sin duda. Pero anticipo que el resultado final será un mundo impulsado por baterías, no por hidrocarburos.
Será la ciencia, como lo ha sido desde que encendimos la primera chispa, la que nos llevará, una vez más del riesgo al conocimiento y del conocimiento a la solución.
Porque en la historia del planeta, solo la ciencia ha sido capaz de transformar el miedo en progreso.
