CHILE Y PERÚ: CUANDO LA INGENIERÍA SE SUBORDINA AL TRÁMITE
En estas semanas he venido escribiendo sobre el modelo con el que se construyó la ingeniería contra incendios y sobre cómo el cumplimiento fue desplazando a la comprensión del fenómeno del fuego. En ese recorrido aparece una constante: sistemas distintos que terminan fallando por lo mismo, porque el pensamiento científico queda subordinado a mecanismos externos que no entienden lo que dicen controlar. Chile y Perú muestran ese contraste con claridad.
En Chile, la seguridad contra incendios no se estructura a partir de una normativa técnica robusta sino en gran medida a la relación entre el asegurado y el seguro, donde la póliza termina reemplazando al análisis técnico y el mercado asume que, si existe cobertura, el riesgo está resuelto. El incentivo se mueve hacia mantener operación, continuidad y financiamiento, y la pregunta sobre el comportamiento real del incendio queda relegada, lo importante es que exista un respaldo económico que absorba la pérdida.
En el Perú ocurre lo contrario en forma, pero el resultado se parece. Aquí la seguridad se canaliza a través de hiperprescripción administrativa, normas extensas, requisitos rígidos y revisión documental, y el sistema se ordena alrededor del checklist. El proyecto se valida por cumplimiento formal y se diseña para aprobar, aunque eso no garantice que responda bien cuando el fuego deja de ser un escenario teórico.
Lo inquietante es que en ambos casos el fuego queda fuera del centro de la decisión. En Chile porque el seguro lo sustituye, en Perú porque la norma lo encapsula, en uno manda el incentivo financiero, en el otro el administrativo, pero en ninguno manda la comprensión del fenómeno físico. Cuando la ingeniería gira alrededor del trámite, el resultado es predecible: sistemas sólidos en papel y frágiles en la realidad.
No creo que el problema sea tener normas o tener seguros, ambos son necesarios. El problema se da cuando uno u otro ocupa el lugar del criterio de ingeniería y cuando cumplir o asegurar pasa a ser suficiente pues allí la disciplina se convierte en validación externa administrada por actores que no asumen las consecuencias físicas del incendio.
Por eso desconfío de las soluciones simples. Más norma no corrige el problema peruano y más seguro no corrige el problema chileno, porque el error no es técnico sino mental: seguimos confundiendo estar asegurados con estar seguros y cumplir con entender. Este contraste no contradice esta serie, la confirma, el modelo falla cuando la ciencia y la ingeniería dejan el centro de la discusión y el fuego se reduce a un trámite.
Mi punto de vista es que este no es un problema de países ni de marcos legales, sino de cómo entendemos la seguridad contra incendios. Cuando la ciencia y la ingeniería abdican y el trámite ocupa su lugar, el fuego siempre termina recordándonos quién manda, sin respetar pólizas ni sellos de aprobación.
