LA POBLACIÓN QUE EVACÚA ENVEJECE Y LOS MODELOS AÚN NO LO SABEN
La edad afecta la capacidad de evacuación de una manera que los modelos de egreso convencionales raramente capturan con precisión: su efecto no es lineal ni uniforme, sino que describe una curva en la que los extremos, los muy jóvenes y los muy mayores, concentran las mayores dificultades, aunque por razones distintas y a través de mecanismos diferentes.
El SFPE Guide to Human Behavior in Fire organiza el impacto de la edad en tres categorías que atraviesan todas las fases del proceso de evacuación: las habilidades sensoriales, la capacidad de toma de decisiones y la acción física, entendida como movilidad y velocidad de desplazamiento. En los extremos del rango etario, las tres categorías se ven afectadas de manera simultánea, lo que convierte a estos grupos en los más vulnerables ante cualquier escenario de incendio.
En los adultos mayores la degradación sensorial puede retrasar la percepción de la alarma, la ralentización cognitiva extiende el período de comprensión y toma de decisiones, y la reducción de la velocidad de marcha afecta directamente el tiempo de movimiento; a eso se suma una menor tolerancia a los productos del incendio, porque el calor, el humo y los gases tóxicos generan efectos incapacitantes más rápidos en personas de edad avanzada o con condiciones de salud preexistentes.
En los niños muy pequeños las limitaciones son de naturaleza distinta: la capacidad de interpretar señales de alarma y comprender instrucciones de evacuación está condicionada por el desarrollo cognitivo, la velocidad de desplazamiento es menor y la dependencia de adultos para tomar decisiones protectoras es total, lo que traslada la carga de la evacuación hacia quienes los acompañan y altera los supuestos de flujo en las rutas de egreso.
El problema de fondo que identifica la guía es que los datos utilizados históricamente para desarrollar tiempos de evacuación y velocidades de movimiento provienen en su mayoría de experimentos con estudiantes universitarios, una población joven, físicamente capaz y cognitivamente ágil que representa el extremo más favorable del espectro etario; aplicar esos datos a edificios con poblaciones envejecidas, como hospitales, residencias o centros de salud, introduce un sesgo sistemático que el análisis de egreso raramente declara.
Con el envejecimiento sostenido de la población en la mayoría de los países de la región, este factor exige atención creciente: los edificios que hoy se diseñan para una ocupación determinada albergarán, en diez o veinte años, una población con características distintas a las que orientaron el diseño, y los márgenes de seguridad calculados sobre datos de estudiantes universitarios se estrecharán de manera silenciosa.
Referencia: SFPE Guide to Human Behavior in Fire, 2ª Ed. (2019). Sec. 3.13.3: Age.
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