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Comportamiento Humano

LA CIENCIA LLEVA CINCUENTA AÑOS DESMINTIENDO EL PÁNICO COMO RESPUESTA AL INCENDIO

Uno de los supuestos más persistentes sobre el comportamiento humano en emergencias es que las personas pierden el control, entran en pánico y actúan de manera irracional; ese supuesto ha moldeado decisiones de diseño, procedimientos de evacuación y narrativas mediáticas durante décadas, y la literatura científica lo califica como un mito desde los años setenta, con evidencia empírica acumulada que apunta en una dirección opuesta.

El SFPE Guide to Human Behavior in Fire señala que es una concepción errónea ampliamente extendida creer que quienes se encuentran en un incendio intentarán huir en estampida aplastando o empujando a otros; en la mayoría de los casos documentados, las personas aplican una toma de decisiones racional y altruista en función de su comprensión de la situación en ese momento, y aunque en retrospectiva algunas de esas decisiones resultan no haber sido las óptimas, eran razonables dado el nivel de información disponible y el tiempo del que disponían.

El uso que víctimas y testigos hacen de la palabra pánico después de un incendio refuerza el malentendido: en el lenguaje cotidiano, pánico es sinónimo de miedo, susto o angustia, y con esa acepción la usan quienes describen su propia experiencia, sin que ello implique conducta irracional; la imprecisión semántica ha contribuido a que el concepto se instale en la literatura divulgativa y en los medios con una solidez que la investigación científica no respalda.

El comportamiento que sí se documenta de manera consistente en los primeros momentos de un incendio es precisamente el opuesto al pánico: los ocupantes tienden a no reaccionar, a negar la gravedad de la situación o a ignorarla, un fenómeno que las ciencias sociales denominan sesgo de normalidad y que resulta especialmente pronunciado en edificios públicos donde el temor a reaccionar de manera exagerada ante una falsa alarma inhibe la respuesta; esa subestimación del peligro es la causa más frecuente de los retrasos en el inicio de la evacuación.

Una vez que la situación ha sido definida como un incendio real, tampoco se produce necesariamente una evacuación inmediata: los ocupantes destinan tiempo a reunir a familiares, buscar mascotas, vestirse según las condiciones climáticas o localizar objetos personales como llaves o billeteras, acciones que desde afuera pueden parecer irracionales pero que responden a prioridades perfectamente comprensibles dentro del marco cognitivo de quien las realiza.

Para el ingeniero de protección contra incendios el desplazamiento del mito del pánico hacia el concepto de sesgo de normalidad tiene consecuencias de diseño precisas: el sistema de evacuación debe estar concebido para una población que tardará en responder, que buscará información adicional antes de actuar y que realizará acciones preparatorias antes de moverse, y dimensionar el RSET sin incorporar esa realidad es diseñar para un comportamiento que la evidencia empírica desmiente.

Referencia: SFPE Guide to Human Behavior in Fire, 2ª Ed. (2019). Sec. 4.3: The Myth of Panic.

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